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jueves, 17 de abril de 2014

La cultura del emprendedorismo


El discurso del emprendedorismo ha permeado la cultura urbana en esta etapa post-social. Organizaciones no gubernamentales, diarios de distribución nacional, semanarios especializados, universidades... todos se hacen eco del ser emprendedor. ¿Cómo se arma este discurso? ¿Qué hay detrás de él?

La apelación a la innovación y al desarrollo de nuevos productos que mejorarían a la sociedad, ¿son sólo la justificación de una utopía individualista?

¡Veamos!



Un rápido recorrido


Si uno pone en Google "Emprendedor Argentina", el buscador trae 2.440.000 resultados... Como termómetro es elocuente.

Diarios: La Nación Emprendedores, iEco Emprendedores (Clarín)

Universidades: Universidad Nacional del Litoral, UBA - Centro de emprendedores de la Facultad de Ingeniería, UBA - Capacitarte, ITBA - Centro de emprendedores, UTN - Emprendedorismo...

Organizaciones: Endeavor Argentina, Inicia, Emprendedoras en red (¡nuestras amigas!)... y más.

En una entrada anterior comenzamos a desmenuzar el fenómeno del emprendedorismo, de la mano del trabajo del sociólogo Diego Pereyra [3]. Es interesante ver cómo se construye el discurso emprendedor.

Todos queremos ser estrellas de rock


Veamos qué dice Endeavor Argentina, referente local de la cultura emprendedora, cuya misión es promover la cultura emprendedora e identificar emprendedores de alto impacto y apoyarlos en sus proyectos [1]:
Endeavor lidera el movimiento global que cataliza el crecimiento económico a largo plazo mediante la selección, mentoreo y potenciamiento de los mejores emprendedores de alto impacto en el mundo. [Negritas en el original]
Endeavor categoriza en cuatro perfiles a los emprendedores que elige apoyar [2]. Los emprendedores Diamond son "soñadores y visionarios liderando audaces startups de tecnología"; su prédica "captura la atención de aquellos que los escuchan hablar de revolucionar la forma en que la gente se conecta". Por su parte, los emprendedores Rocketship son "ambiciosos líderes de compañías tecnológicas preparadas para un crecimiento exponencial". Con un perfil más terrestre, los emprendedores Locomotive son "líderes fuertes y ambiciosos que dirigen compañías rentables, generadoras de muchos puestos de empleo y en su mayoría pertenecientes a industrias tradicionales". Finalmente, como condensación de un espíritu de época, los emprendedores Rockstar son "soñadores carismáticos con irresistibles marcas que inspiran una profunda lealtad en sus consumidores"; sus marcas "dan una importancia central a la experiencia del consumidor, que construyen fuertes culturas corporativas".

Retomamos la idea del sociólogo Diego Pereyra del emprendedor como métafora [3] de un comportamiento deseable del trabajador. Las metáforas de este discurso constituirían
un dispositivo moral que otorga sentido a las prácticas económicas individuales en términos de “una aventura”, “de la asunción del riesgo” y “la preeminencia del placer sobre el estoicismo del trabajador fordista”. El individuo emprendedor no sólo debe y puede tomar el destino en sus manos, sino que haciendo esto último, genera beneficios colectivos. [Negritas mías]
Y es muy claro y evidente en el discurso de Endeavor: líderes soñadores, visionarios, ambiciosos, fuertes, que predican, que generan lealtad y revolucionan el mercado. No hay que perder de vista que el emprendedor como figura no ocurre en el espacio vacío, como se desprende de los discursos usuales. Más bien,
La emergencia de este ideario tiene que ver con la aparición de las recetas neoliberales que advertían sobre la necesidad de superar la crisis del  fordismo mediante el fortalecimiento de políticas que promuevan la innovación, encuentren respuestas a nuevas demandas del mercado y apliquen soluciones creativas al permanente cambio tecnológico [3].
El trabajador des-asalariado de esta etapa post-social del capitalismo actual persigue al fantasma del emprendedor.

Por una reapropiación del emprendedorismo


Las recetas neoliberales del último cuarto del siglo XX -y sus ajustes económicos- han puesto en crisis el rol histórico de la Universidad como productora de conocimiento  produciendo un repliegue de sus actividades de investigación. Pero, además, muchas universidades adoptaron criterios mercantilistas para la evaluación de sus proyectos, de la mano de una cultura managerial. El discurso del emprendorismo se monta sobre este contexto.

Pero el emprendedorismo no es necesariamente una actividad individual, apoyada tal vez por think tanks, ONG o angel investors, medida en función de su rentabilidad más o menos inmediata. Las instituciones educativas, en particular las universidades, deberían reapropiarse del concepto de emprendedor y reubicarlo en un contexto de producción social de conocimiento. Y evitar así la "utopía individualista y la ilusión de proyectos de vida cuyo éxito será evaluado por el mercado" [3].


Referencias


[1] http://www.endeavor.org.ar/mision-y-vision/

[2] Perfiles de emprendedores Endeavor. En http://www.endeavor.org.ar/busqueda-y-seleccion/#tab-id-2. Consultado el 17/4/2014.

[3] Pereyra, Diego. Notas para una sociología de la cultura emprendedora. En Simón González y Eduardo Matozo: Creatividad e innovación aplicadas al desarrollo emprendedor: experiencias de la Red Latinoamericana de Buenas Prácticas de Cooperación Universidad Empresa, Universidad Nacional del Litoral (Santa Fe, 2013). On line en http://www.unl.edu.ar/articles/download/4248

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El Origen de la Crítica

La formulación de una crítica supone previamente la vivencia de una experiencia desagradable que suscita la queja, ya sea ésta padecida personalmente por el crítico o el resultado de una conmoción por la suerte de otro. Es lo que aquí denominamos la fuente de la indignación. Sin este primer movimiento emotivo, casi sentimental, ninguna crítica puede emprender vuelo. Por otro lado, el espectáculo del sufrimiento no conduce automáticamente a una crítica articulada, ya que necesita un apoyo teórico y de una retórica argumentativa para dar voz y traducir el sufrimiento individual en términos que hagan referencia al bien común.

Boltanski, Luc y Chiapello, Eve. El nuevo espíritu del capitalismo (Madrid, Ediciones Akal, 2010, página 83).

Las Políticas de Management

En la actualidad las políticas de management subjetivan buscando una identidad entre trabajo y vida, entre objetivos personales y objetivos del capital y haciendo que los trabajadores hagan, por sí mismos, algo que al capital ya no le resulta tan sencillo realizar: controlar el uso eficiente de la fuerza de trabajo en función de sus propios objetivos.

Zangaro, Marcela. Subjetividad y trabajo (Herramienta Ediciones, Buenos Aires, 2011, pag. 182).

Enfrentamiento interno

Cuanto más se asciende en la organización más se funde uno con ella, puesto que más que estar dividido entre las exigencias del negocio y los criterios del personal, unas y otros entran en sinergia reforzándose mutuamente [...] El enfrentamiento entre capital y trabajo, que siempre había tenido como campo natural la empresa, pasa a producirse en el interior del individuo, que se debate entre su tendencia a trabajar menos para protegerse y escapar de las exigencias de la empresa, y su inclinación a trabajar cada día más para aumentar sus beneficios y mejorar siempre los resultados.

Auber, Nicole y De Gaulejac, Vincent. El coste de la excelencia. (Paidós Ibérica, Barcelona, 1993, pág. 38).