Stanley Milgram fue un psicólogo de la Universidad de Yale, quien entre 1961 y 1962 realizó una serie de experimentos para evaluar los límites de la obediencia humana a la autoridad. Encontró que un porcentaje sorprendentemente alto de personas, un 65%, se prestaban a administrar shocks eléctricos de potencia creciente (desde 15 V hasta 450 V) a un sujeto que fallaba en las respuestas de un supuesto test de memoria. Pero las descargas eléctricas eran simuladas y el sujeto receptor era un actor en connivencia con el experimentador. La autoridad del experimentador, avalada por la prestigiosa Universidad de Yale, lograba vencer las resistencias de los individuos a inflingir sufrimiento a un ser humano [1].